Me gusta escuchar música cuando estoy en el trabajo, o haciendo algo que me gusta. Me suelo poner música ambiental, new age, instrumental, clásica. Desde Enya y Nightnoise hasta Mozart o Bach, pasando por Ludovico Einaudi, Phillip Glass, Max Richter o, más recientemente, Tony Ann, A. Blomquist o Rob Graves. A veces pruebo canales de recopilaciones en Spotify, para descubrir nuevos sonidos y, la semana pasada, probé uno que se llama "Drawing/Chill Drawing Music". El título lo dice todo, música de fondo para concentrarse mientras dibujas. Yo no dibujaba en ese momento, estaba escribiendo, con mis plumillas y mis tintas, pero el ambiente de ese canal me gustaba, así que lo dejé un rato.
En uno de los cortes, empezó a sonar una música que me resultaba familiar. Relajante, con sonidos electrónicos pero que me evocaban algo no muy lejano. Dejé la plumilla sobre la mesa e hice clic sobre la información de la canción. La portada del disco lo dejaba bien clarito, un bloque de tierra con hierba del videojuego Minecraft. Por eso me resultaba familiar. Yo he jugado bastantes veces con Lucas, que descubrió ese juego con siete u ocho años y me hacía jugar con él a pantalla partida, sobre todo porque al principio, los monstruos le daban miedo. El juego tiene una banda sonora continua, con sonidos envolventes y relajantes sobre todo, aunque a veces también se pone un poco lúgubre y tenso, según en la fase del juego en la que te encuentres. De modo que, este corte, inspirado en esas melodías, encajaba perfectamente en la lista de reproducción que estaba escuchando.
Lo que me llamó la atención fue el título de la canción, "Nostalgia". Y me hizo pensar. Minecraft es un videojuego relativamente nuevo, se estrenó en 2009, por lo que, los primeros jugadores puede que tengan ahora entre veinticinco y treinta años, con treinta puede que tengas algo de nostalgia de cuando tenías quince, con menos, me resulta raro. Pero, esto me trajo a la cabeza alguna frase que le he escuchado a Lucas, que ahora va a cumplir los quince y que, al ver algún video, o escuchar alguna canción de cuando era más pequeño, utiliza la misma palabra "nostalgia". Y entonces entendí que el mundo de los niños de ahora funciona de manera diferente al nuestro. Va más rápido, tan, tan rápido, que un niño de quince años puede sentir nostalgia de lo que vivió hace cinco, porque, aunque para nosotros eso que en él evoca tiempos pasados y lejanos nos siga pareciendo presente, para ellos no lo es y les queda ya lejos.
Y es que la vida de los niños de ahora está llena de actualizaciones y novedades, semanales y diarias. Llenas de memes y creadores de contenido, de youtubers y tiktokers que necesitan subir y subir historias diferentes a cada minuto, haciendo viejo lo de ayer a golpe de like. Creando una necesidad constante e insaciable de información original, desfasando todo lo que hace un minuto era lo más de lo más. Las modas duran ahora menos que un caramelo en la puerta de un colegio, bueno, si es que el caramelo lo ven, porque ahora salen todos por la puerta con las pantallas de los móviles en la cara. Aunque eso, esa moda, esa tendencia que roba a los niños (y a los no tan niños) el sentido de la realidad, algún día también pasará a ser nostalgia.
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